Existen fechas que quedan grabadas con letras doradas en el mundo del béisbol y, para la ciudad de Nueva York y toda Venezuela, el 1 de junio de 2012 es una de ellas. Aquella noche, el zurdo venezolano Johan Santana, escribió su nombre en la historia desafiando limitaciones físicas al lanzar su primer juego sin hits ni carreras (No-Hitter).
El Gocho ante una multitud de 27.069 fanáticos en el Citi Field, Santana completó una de las hazañas más épicas que se pueda lograr en las Grandes Ligas. Tras perderse toda la temporada anterior por una cirugía en el hombro que amenazaba su carrera, el nativo de Tovar demostró la casta de un doble Cy Young.
Aquella noche del 1 de junio, el zurdo se enfrentaba a los Cardenales de San Luis que tenía en su lineup a figuras como Yadier Molina, Carlos Beltrán, Matt Holliday, Rafael Furcal, David Freese y compañía.
El camino hacia la inmortalidad no estuvo exento de drama. Santana necesitó de 134 lanzamientos para someter a los Cardenales, quienes, para ese entonces, eran los vigentes campeones de la Serie Mundial.
Hasta esa noche, los Mets de Nueva York habían jugado 8.019 partidos sin registrar un No-Hitter. Santana no solo rompió esa sequía, sino que se convirtió en el primer lanzador de los Mets en lograr esa gesta.
Para ese momento, “El Gocho” se unió a nombres como Wilson Álvarez, Aníbal Sánchez y Carlos Zambranos como los criollos en lanzar juego sin hits ni carreras en Las Mayores.
El zurdo venezolano tuvo una línea final de 9 entradas, en lo que concedió 5 bases por bolas y ponchó a 8 bateadores. Santana años más tarde, confesó que estuvo en perfecta sintonía con Josh Thole, quien fue su receptor esa noche. Asimismo, el serpentinero venezolano indicó que confió en su receptor ciegamente en la selección de sus pitcheos, especialmente en su devastador cambio de velocidad que lo hizo ser uno de los pitchers más dominante de su época.
Por su parte, Terry Collins, manager de los Mets para ese momento, cargaba una presión inmensa. El zurdo venezolano venía de una delicada operación en el hombro y tenía un límite estricto de 115 lanzamientos para esa noche. Al ver que la historia estaba cerca, Collins estiró la soga permitiéndole llegar a los 134 envíos, una decisión muy debatida pero que le dio la gloria al equipo.
Para Venezuela, el país que respira béisbol en cada esquina, la hazaña de Johan Santana en Nueva York no fue un juego más; fue una catarsis colectiva. Exactamente dos años antes, el 2 de junio de 2010, el país entero había sufrido uno de los episodios más injustos y dolorosos en la historia del deporte profesional: el Juego Perfecto de Armando Galarraga.
Aquel día, vistiendo el uniforme de los Tigres de Detroit, Galarraga retiró a 26 bateadores en fila. El out 27 fue un roletazo de Jason Donald, fue fildeado a la perfección por Miguel Cabrera en combinación con Galarraga, pero… Una decisión del umpire Jim Joyce sentenció un infame e inexistente “safe”. A Galarraga le arrebataron el juego perfecto más claro de la historia en el último suspiro, dejando un amargo sabor de frustración en millones fanáticos venezolanos.
Para la época, aún no existía la revisión de la jugada por vídeo…
Es por ello, cuando la noche del 1 de junio de 2012 la línea de Carlos Beltrán pico Fair, pero el umpire decretó foul, el destino pareció devolverle al béisbol venezolano lo que la mala fortuna le había quitado años antes con Galarraga. Esta vez, los dioses del béisbol decidieron sonreírle a la bandera tricolor.
El Gocho escrito con letras doradas
Para Johan Santana, este juego representó la cumbre emocional de su carrera, incluso por encima de sus dos premios Cy Young (2004 y 2006) logrados con los Mellizos de Minnesota. Santana no solo lanzaba contra los Cardenales de San Luis; lanzaba contra las dudas, contra el dolor y contra los pronósticos médicos que aseguraban que nunca volvería a ser el mismo tras la cirugía de la cápsula anterior de su hombro izquierdo en 2010.
Llegar a Nueva York con el contrato más lucrativo para un lanzador en ese momento ($137.5 millones de dólares) conllevaba una presión mediática asfixiante. Con cada uno de los 134 pitcheos de esa noche, Santana demostró el coraje y la estirpe del pelotero venezolano. «El Gocho» no solo se ganó el respeto eterno de la exigente fanaticada neoyorquina, sino que consolidó su estatus como el líder espiritual de una generación de peloteros de su país.
